Las carreras ilegales persisten junto al polígono Guadalhorce
La avenida Hermann Hesse es circuito improvisado y mortal para algunos jóvenes que ponen en riesgo su vida por un ´chute´ de adrenalina
MIGUEL FERRARY Es un kilómetro escaso en línea recta. El que hay que recorrer de la calle Hermann Hesse, entre su cruce con la carretera Azucarera-Intelhorce y la primera rotonda. Ese tramo se ha convertido en un improvisado circuito de carreras ilegales que aspira a coger el relevo, si es que ya no lo tiene, de la calle Pacífico.
Los vecinos de la zona están más que acostumbrados a ver estas locas carreras en las que dos coches compiten por llegar primeros a ninguna parte. El objetivo es demostrar que se tiene el coche más rápido, un dudoso honor cuyo mérito es más del mecánico y poco de la inteligencia, por demostrar, del conductor.
El sistema de las carreras es bien sencillo. Dos coches en paralelo corren a toda velocidad por el kilómetro de la calle Hermann Hesse hasta que se topan con la primera rotonda. Los coches deben, en ese momento, girar bruscamente para no chocar contra la valla de hormigón que separa la carretera de una caída al cauce del arroyo de las Cañas.
Cualquiera que pase por allí podrá apreciar cómo los choques de algunos corredores han desplazado los bloques de hormigón. Incluso un vehículo terminó cayendo al arroyo.
La búsqueda del ´chute´ de adrenalina y la demostración de una mal entendida masculinidad, quizá para compensar otras carencias, se ha convertido en un juego muy peligroso en el que no sólo los conductores pueden salir perjudicados.
Hace unos años, pocos, estas carreras proliferaron en la calle Pacífico, aunque el control policial y los nuevos radares puestos en febrero ayudan a controlar los desmanes suicidas de algunos majarones al volante.
Queda por ver cómo se evitan estas carreras en Hermann Hesse, pero la pregunta será entonces: ¿Cuál será el próximo circuito de carreras ilegales? Y es que no hay nada más tozudo como la idiotez.
A la piscina
? No iba compitiendo en una carrera ilegal, pero su velocidad no se acercaba a lo recomendado. Los vecinos del cercano barrio de Puerta del Málaga cuentan que, hace apenas dos años, un coche se empotró contra un muro en la calle Dolores Ibárruri. Eran las ocho de la tarde y el muro, situado en una curva, separaba la calle de la piscina de esa urbanización.
La fuerza con la que se estampó el coche contra el muro hizo que este se hundiese y el coche entrara en la zona de la piscina. Afortunadamente no cogió a nadie en el camino, pero el susto se lo llevaron.
Lo curioso del tema es que el conductor insistía y discutía a cualquiera su velocidad. El afirmaba que iba a 40 kilómetros por hora. Los policías miraban con incredulidad los daños y reían.
Para evitar hechos similares, el Ayuntamiento instaló una vallas de refuerzo en la acera, que parase los golpes de otro hipotético choque en la curva. Ya son varios los golpes que se aprecian en esta estructura. Es que la gente no termina de aprender. Luego se quejarán si pasa algo.
Los vecinos de la zona están más que acostumbrados a ver estas locas carreras en las que dos coches compiten por llegar primeros a ninguna parte. El objetivo es demostrar que se tiene el coche más rápido, un dudoso honor cuyo mérito es más del mecánico y poco de la inteligencia, por demostrar, del conductor.
El sistema de las carreras es bien sencillo. Dos coches en paralelo corren a toda velocidad por el kilómetro de la calle Hermann Hesse hasta que se topan con la primera rotonda. Los coches deben, en ese momento, girar bruscamente para no chocar contra la valla de hormigón que separa la carretera de una caída al cauce del arroyo de las Cañas.
Cualquiera que pase por allí podrá apreciar cómo los choques de algunos corredores han desplazado los bloques de hormigón. Incluso un vehículo terminó cayendo al arroyo.
La búsqueda del ´chute´ de adrenalina y la demostración de una mal entendida masculinidad, quizá para compensar otras carencias, se ha convertido en un juego muy peligroso en el que no sólo los conductores pueden salir perjudicados.
Hace unos años, pocos, estas carreras proliferaron en la calle Pacífico, aunque el control policial y los nuevos radares puestos en febrero ayudan a controlar los desmanes suicidas de algunos majarones al volante.
Queda por ver cómo se evitan estas carreras en Hermann Hesse, pero la pregunta será entonces: ¿Cuál será el próximo circuito de carreras ilegales? Y es que no hay nada más tozudo como la idiotez.
A la piscina
? No iba compitiendo en una carrera ilegal, pero su velocidad no se acercaba a lo recomendado. Los vecinos del cercano barrio de Puerta del Málaga cuentan que, hace apenas dos años, un coche se empotró contra un muro en la calle Dolores Ibárruri. Eran las ocho de la tarde y el muro, situado en una curva, separaba la calle de la piscina de esa urbanización.
La fuerza con la que se estampó el coche contra el muro hizo que este se hundiese y el coche entrara en la zona de la piscina. Afortunadamente no cogió a nadie en el camino, pero el susto se lo llevaron.
Lo curioso del tema es que el conductor insistía y discutía a cualquiera su velocidad. El afirmaba que iba a 40 kilómetros por hora. Los policías miraban con incredulidad los daños y reían.
Para evitar hechos similares, el Ayuntamiento instaló una vallas de refuerzo en la acera, que parase los golpes de otro hipotético choque en la curva. Ya son varios los golpes que se aprecian en esta estructura. Es que la gente no termina de aprender. Luego se quejarán si pasa algo.