Escuela para futuros conductores
Aún no se han puesto al volante, pero ya saben qué es una señal de stop o cómo hacer una rotonda. Doce mil alumnos visitan cada año el aula de la Unidad de Educación Vial de la Policía Local
Los alumnos ponen en práctica sus conocimientos de las señales en la pista infantil de tráfico./ J. A. PORTILLO
LOS DATOS
La comisaría de la Policía Local en el Puerto de la Torre no pasa desapercibida en el barrio. «Parece una nave espacial o una pelota de golf», indica una vecina refiriéndose a la forma circular del edificio. Pero pocos saben que desde sus instalaciones se lucha a diario contra los accidentes de tráfico. Y esa labor se hace con quienes todavía no han conducido un vehículo, los niños. Sin embargo, su concienciación frente al volante es vital para reducir la siniestralidad en la carretera en el futuro.
Las encargadas de infundir la conducción respetuosa en alumnos de cinco, nueve y doce años son las agentes del Subgrupo de Prevención y Seguridad Vial de la Policía Local de Málaga, que acaba de cumplir 25 años. Un total de 12.437 alumnos de Educación Infantil, Primaria, ESO y Educación Especial participaron durante el pasado curso escolar 2008-09 en las actividades prácticas y teóricas.
Inmaculada Espinosa es la oficial jefe y la componente más veterana de la unidad. Lleva enseñando a los niños las buenas normas en la carretera desde antes que se crease el subgrupo. «Entonces trabajábamos en la calle y por las tardes acudíamos a los colegios para hablar a los alumnos sobre las señales de tráfico, los peligros del alcohol y las drogas frente al volante y el respeto a los límites de velocidad», recuerda.
Teoría y práctica
Ahora son los colegios los que acuden a la comisaría. Una de las últimas visitas ha sido la de los alumnos de cuarto de Primaria del colegio Los Olivos. La jornada en la comisaría consta de varias partes. Por un lado, clase en el aula para conocer las señales verticales y horizontales, así como las marcas de balizamiento; luego, otra clase en la que se realizan test para comprobar si reconocen una señal de stop, ceda el paso o de precaución. Y después, lo más esperado: los alumnos ponen en práctica lo aprendido en la pista infantil de tráfico, donde conducen bicicletas.
«Lo más divertido es poder ir en bici con todos los compañeros de clase», indica Carolina Bandera, de nueve años, una de las alumnas. Aunque no sólo es diversión. «Al final me han puesto una multa porque me he saltado un semáforo», confiesa Francisco del Campo, también con la misma edad. Como en la vida real, en la pista de tráfico los alumnos también tienen que rendir cuentas ante los agentes de policía, que no son otros que algunos de sus compañeros. Con el boletín de denuncias en mano, están atentos ante cualquier infracción. «Hay algunos que no dejan pasar ni una; una vez un estudiante registró más de 40 actuaciones indebidas», explica Espinosa.
A modo de juego, los alumnos aprenden a respetar los pasos de peatones, los ceda el paso, las indicaciones de giro obligado a izquierda o derecha e incluso algo que ni siquiera los adultos llevan demasiado bien: la forma correcta de realizar una rotonda.
Para poder enseñar eficazmente a los niños, las agentes -las cinco componentes del subgrupo son mujeres- dividen a los chicos en grupos con un máximo de diez, que se van rotando entre las distintas actividades.
Aprendizaje para todos
Pero los alumnos no son los únicos que aprenden. «Los niños se dan cuenta de acciones de sus padres ante el volante que están mal y después de pasar por aquí intentan corregir a sus progenitores; muchos han venido para agradecernos nuestra labor y nos han reconocido que no se ponían el cinturón de seguridad, se saltaban los semáforos en ámbar o que sacaban el brazo por la ventana y que sus hijos les han llamado la atención y se han dado cuenta de que están dándoles ejemplo para el futuro», señala.
Las clases también varían dependiendo de la edad de los estudiantes. Para captar la atención de niños de cinco años, las agentes utilizan apoyo audiovisual y muñecos de fieltro realizados por ellas mismas con los que cuentan historias a los niños donde el respeto a las normas de tráfico son los protagonistas. Para los alumnos de tercero de ESO, de doce años, acuden a los centros para hablar de la influencia de alcohol y drogas en la conducción, sobre todo de ciclomotores.
Pero no sólo aprenden cómo conducir. También se hace hincapié en el comportamiento que debe tener el pasajero de un vehículo o el peatón. No en vano, muchos de los accidentes que ocurren en la ciudad son atropellos a viandantes.
La labor de este equipo ha ganado varios premios en estos años. «Nunca sabremos si hemos salvado vidas, pero nos basta si uno solo de estos jóvenes se acuerda de nosotras y no comete una infracción que puede poner en peligro su vida o la de otros», indica Espinosa, que realiza un programa de prevención para alumnos de Educación Especial. Día a día, inculcan en los jóvenes una forma más segura de circular por carretera.